Hace apenas un año que dejé de escribir. Seguramente, la concentración en el trabajo en momentos tan delicados, hacían imposible perder unos minutos al día en algo tan simple como escribir alguna cosa. Pero es que no podía. Y no es que ahora las cosas estén mejor, pero siento cierta irreprimible tendencia a escribir lo que pienso. Es la diabólica manía de escribir, supongo.
Los temas son tan variados que ahora mismo dan vueltas por mi cabeza unos cuantos que dejaré para los próximos días. Me conformo con iniciar hoy este nuevo viaje y desear que sea tan largo y fructífero como el anterior.
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