Es mucho más fácil describir que opinar. Infinitamente más. En vista de lo cual, todo el mundo opina. (Josep Pla)

sábado, 11 de diciembre de 2010

Día de vino y Rosas

Pues sí. Esta mañana temprano nos hemos ido,  mi mujer y los dos pequeños,  a Rosas. Santi jugaba a basquet contra el equipo local -¡menuda paliza nos han metido!- y hemos aprovechado para pasar un día en el Alt Empordà. El sol ha inundado todo de luz y razonable calor. Rosas estaba preciosa, con los adornos navideños destacando en un fondo absolutamente veraniego. La playa impecable, con bastante gente paseando y, en general, el ambiente era muy agradable. Al mediodía, hemos decidido ira comer a Vilajuïga, a 10 minutos de Roses. Hemos paseado por el recientemente inaugurado Centro de Acogida Turística, un local donde se centralizan todos los folletos, catálogos, papeles y demás publicaciones de reparto gratuito y que tienen en común que hablan de la zona: sus vinos, aceites, Dalí, lugares especiales, etc...La idea no está mal, aunque creo que es excesiva en una población poco visitada, como Vilajuïga. Quizás en Roses tuviera más sentido. Aparte de los catálogos y demás, el local posee un bar -50% de la superficie del local- que es donde más gente acabará recalando. Un bar, por cierto, que hace la competencia a los de toda la vida.

Bueno. Acabamos comiendo en el restaurante "Sant Pere de Rodas". Aprobado justito. Muy amables, muy serviciales, pero la comida justita, justita. Podrían dar clases de restauración en el Centro Turítico de marras. En fin, no vale la pena comentar nada más. Acabada la comida, nos vamos a Rabós, pasando antes por el monasterio de Sant Quirze de Colera, una maravilla arquitectónica del siglo XII que poca gente conoce y menos aún visita. Aún así, el lugar es idílico e irrepetible. Te puedes transportar a la Alta Edad Media en un santiamén, porque mirando a tu alrededor sólo ves vegetación, montañas y edificaciones medievales. Un lugar dónde cada piedra te puede explicar - si la miras fijamente y prestas atención- una historia diferente.

Vamós a Rabós. Es un pueblo dónde debes entrar caminando -quiero decir, sin el coche-,  pues sus calles son estrechas e imprevisibles, con curvas en bajada que mejor no intentar cogerlas con el coche. Es un pueblo pequeño, lleno de edificios muy bien conservados -otros no tanto- y que tiene el sabor de las cosas muy añejas. El silencio que lo rodea, quiza sería su principal caracterítica. Un silencio soportable, tranquilo, recogido. Te invita a ponerte delante del fuego y a leer. Bueno, al menos a mí. Es un lugar que puede curar la depresión más recalcitrante o las ganas de soledad y tranquilidad más exigente. Saludamos a unos amigos, recogemos un buen cargamento de aceite -¡qué aceite!- y volvemos por la carretera de Roses, hacia la N-II, no sin parar antes a comprar un vino excelente de D.O. Empordà. Siempre he dicho que el vino de l'Empordà era el mejr del mundo. Y si no, que se lo pregunten a Robert Parker, (¿qué tal el Clos d'Agón de este año, Robert?)

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Algunas notas de un puente singular

En vista de la situación de caos en la que nos hemos sumido estos últimos meses -lo de los controladores es como una guinda que colorea el pastelón- hemos decidido pasar estos cinco días en casa. Como más noticiable les contaría que la nueva perrita de mis hijos -Nina, una pincher miniatura de apenas dos meses- es la protagonista absoluta. Sus correrías, sus juegos, sus piruetas y hasta su ronroneo cuando se enrosca sobre sí misma y duerme, son de lo más visto estos días en mi casa. Hubiera preferido un frío glacial, para estar calentito y arropado en casa. Pero no. Ha hecho un tiempo primaveral. Hoy 21ºC. Se estaba mejor fuera que dentro de la casa, al menos hasta la hora de comer. La tarde ya es otra cosa. Aquí, en la Costa Brava, las tardes de otoño son muy suaves, como de algodón. Las puestas de Sol suelen estar teñidas de color rojo -vaya usted a saber porqué- y las nubes se van oscureciendo paulatinamente al ritmo tranquilo de la brisa del sur que nos inunda estos días. Y ¡zas!, ya es de noche. Y empiezan a tililar las luces de los árboles navideños de los vecinos, y a lo lejos, vemos el centro de Calonge iluminado, con poco movimiento, con poca gente por la calle, con algún coche que viene o va.
Han sido cinco días tranquilos. He comenzado a leer "La Guerra de Churchill" y de momento me está gustando. Nada que ver con la biografía de Roy Jenkins que tuve que abandonar a las primeras páginas al ver que la había traducido un chimpancé. Max Hastings es discípulo de Jenkins, pero el traductor es otro. El libro es interesante y está bien escrito. No es David Irving, claro, pero basa toda la obra en documentos y papeles ya conocidos, aunque algunos, poco divulgados.

Además de leer -escribo porque he leído- he cocinado. He cocinado tranquilamente, elaborando platos tradicionales del otoño, como un extraordinario estofado de cordero que nos hemos comido hoy y que estaba de impresión. Son días para disfrutar de la vida. Leer y cocinar. Y disfrutar de la compañía amable de la familia....
"Tempus fugit, sicut nubes, quasi naves, velut umbra"...Pues sí, porque mañana ya es laborable y me espera un día de mil demonios.

martes, 7 de diciembre de 2010

A Bodas me convidas...

Con un temor parecido al que sentimos cuando abrimos un certificado de la Agencia Tributaria, abrimos ayer, mi querida esposa y yo, una carta sin remitente pero que intuíamos de quién era. De hecho, era de quién pensábamos. Era un sobre blanco, apaisado, con ribetes recortados, de papel grueso, de una calidez enternecedora...Era -ya lo habrán imaginado- una invitación a la boda de la hija de unos amigos. El nosécuantos de marzo. No les gusta improvisar a estos amigos. Cuatro meses antes. Para que tengas tiempo de ordenar tus finanzas y prepares lo que significa que a bodas te conviden: traje nuevo, con camisa y corbata, zapatos a juego, vestido de entretiempo con zapatos y bolso, peluquería y regalo a los contrayentes. ¿He dicho regalo? En la parte baja de la bonita targeta dónde nos invitan al enlace, hay una retahila de números que por un primer momento pensé que eran los dígitos correspondientes a mi número de convite. Como seguro ya han intuido, son los números de la cuenta corriente dónde los futuros esposos esperan que los invitados dejemos una pasta gansa, porque los regalos ya se los comprarán ellos a su gusto, gracias. Total: entre una cosa y otra, empezamos el año con un gasto de 2.000 eurillos -por lo bajini-. Ya no les explico lo que puede significar una comida de dos o tres horas sentado al lado del pelmazo de aquel conocido que hace años que no vemos, o de la señora de tal que hoy viene sola no se sabe muy bien porqué, pero que nos toca aguantar durante la velada...Lean a Larra y  su banquete con el castellano viejo y sabrán de qué hablo.

Pues acabamos bien el año. Y no les cuento lo mejor. La pareja de tortolitos, esos que se casan, ya hace dos años que viven juntos, en pareja. Pero claro, los beneficios de un casamiento oficial, merecen no perderse. Ella se casará de blanco, con un traje largo. Oficiará la ceremonia algún curilla del pueblo, que aceptará seguir el montage con tal de sacar unos euros -aquí pilla todo el mundo- para seguir tirando. Los padres de ella pagarán la mitad del convite junto a la otra mitad de los padres del otro cónyuge y con la pasta de la cuenta corriente se pegan un viaje que ni el guitarrista ese de los Rollings cuando esnifó las cenizas de su padre.

El significado de la ceremonia del casamiento, su sentido iniciático, su enorme carga emotiva, todo queda relegado y resumido en el número de cuenta corriente del borde inferior de la targeta. ¡Feliz viaje, tortolitos!

lunes, 6 de diciembre de 2010

Cómo decíamos ayer...

Hace apenas un año que dejé de escribir. Seguramente, la concentración en el trabajo en momentos tan delicados, hacían imposible perder unos minutos al día en algo tan simple como escribir alguna cosa. Pero es que no podía. Y no es que ahora las cosas estén mejor, pero siento cierta irreprimible tendencia a escribir lo que pienso. Es la diabólica manía de escribir, supongo.

Los temas son tan variados que ahora mismo dan vueltas por mi cabeza unos cuantos que dejaré para los próximos días. Me conformo con iniciar hoy este nuevo viaje y desear que sea tan largo y fructífero como el anterior.